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Relato 1


Apreciado Luis:

Agradecerte tu llamada y tu entusiasmo por revivir aquella etapa de nuestra vida, la infancia en “La Colonia”, que siempre ocupará un “espacio enorme” en nuestros corazones, y cuyos recuerdos nos acompañarán el resto de nuestra existencia.

Todos los que estuvimos allí, queramos o no, reconozcámoslo o no, formamos una hermandad, una hermandad de “huérfanos” cuya madre adoptiva fue el Colegio Quintana del Puente, una madre a veces cruel, otras entrañable, pocas veces dulce, llena de libertad y de sufrimiento, de frío y de calor, de soledad acompañada, de descubrimientos y castigos, de inocencia y de pecado, una madre exigente que acrisoló nuestros corazones en la lejanía de un rincón olvidado de todo y por todos, y que, sin duda, hoy descansa en su vejez ensimismada en un extraño ensueño de ausencias.

Recuerdo todavía el pañuelo que llevabas anudado en la cabeza mientras navegábamos por el río junto con otros dos compañeros en una barca que habíamos robado. Era un septiembre igual a este de hace veinticinco años. Acompañaba a mi hermano Juan Marcos (el “Ministro”) a los exámenes de recuperación, y durante una semana, el sufrimiento de ochos años anteriores se desvaneció como si no hubiese existido. La transición había llegado y los nuevos tiempos empezaban a brillar con una luz de respeto, libertad y tolerancia que todavía hoy nos alumbra. De ochocientos niños recluidos en épocas pasadas ya tan sólo quedaban cincuenta, por lo que probablemente al año siguiente o dos años se cerraría “para siempre” la Colonia Infantil General Varela de Quintana del Puente, y el transcurrir de todos estos años convertiría aquellas vivencias “terribles y maravillosas” de cientos de niños en nostalgia, superación, olvido, risa, rabia, pena, huída, recuerdo, llanto o silencio, en definitiva, en verdadera literatura viviente escrita desde nuestros corazones.

Un fuerte abrazo y seguiremos en contacto.

José Pablo Luengo Toledano (1974-1981)

Relato 2



Fue allá por Semana Santa de 1994 la primera vez que visité la Colonia. Había ido a Un pueblecito de Asturias a pasar unos días con la Familia de la que era mi novia (hoy mi mujer). Este viaje lo hice en tren porque no había sitio para mí en el coche. Fue cuando volvía (de Asturias a Algeciras) que pasando por esas tierras Palentinas, el tren se detenía en pueblos cuyos nombres sonaban en mi cabeza como un eco lejano del pasado.

Tras varias estaciones el tren se detuvo en Quintana del puente. Para entonces y sin saber por qué, yo me hallaba en la puerta de salida como si hubiese llegado a mi destino, con mi maleta y todo. Aún hoy cuando recuerdo aquello, no alcanzo a comprender que extraño impulso me obligó a salir del tren. Sonó el silbato y el tren continuó su camino dejándome en aquella estación perdida de la mano de Dios, en la soledad más absoluta.

Me dirigí al Hostal La Vasca y me alojé en una habitación desde la cual se divisaba la Colonia entre las últimas luces de la tarde. Tras dejar mi maleta en la habitación, bajé a el restaurante a cenar. Qué recuerdos me trajo el probar ese pan!!!. Ese sabor me transportó inmediatamente a aquellos tiempos de chaval. Me supo a las merendillas que nos daban entonces. Tras la cena, estuve hablando en la barra con el único taxista que tiene el pueblo y concerté con el que me llevara a la Colonia al día siguiente.

A la mañana siguiente cogí el taxi tal como acordamos la noche anterior. La mañana era fría, gris y con mucho viento. Llegamos a La Colonia y acordé con el taxista que me recogiera tres horas después.
Buff... tres horas le dije y con una hora tuve de sobra. Me adentré por la entrada principal y recorrí aquello como nunca lo hice cuando viviamos allí: La cocina, el oratorio, los dormitorios, el comedor... y un largo eccetera. Las pocas ventanas que aún quedaban se abatían con el viento y el lugar estaba envuelto en un sin fin de ruidos, vaya que iba acojonado a tope.
Llegué a las clases y descubrí que no era yo solo el único nostalgico y que un sinfín de gente había pasado por allí antes como yo, pues en las pizarras (pintadas en la pared) la gente había ido dejando su mensaje.

Bajé a la piscina y recorrí el camino que antaño me llevaba a los pabellones donde vivía mi querida Mariam. El nudo que me apretaba la garganta desde que llegé se hizo más intenso a medida que avanzaba. Qué pena me dieron también los Pabellones abandonados!.
Me resultó curioso que cuando me metí en el cine, bajo el escenario aún estaba una batería que nos hicimos con cartones para un Play Back de los Judas Priest.

Verás... aunque lo intento no se plasmar lo que sentí allí, pero si te puedo decir que resultó muy grato y sentí mi alma aliviada al descargar allí los fantasmas del pasado.
Salir de allí fue ya otra historia que merece ser contada en otra ocasión y aunque me sentí “saciado” por mi hazaña, aún volví en el año 2000 con mi novia y mis perros a recorrer nuevamente todo aquello.

Yo os invito (como decía “El Chema”) a que volvais a visitar la Colonia si tenéis ocasión, pues es una experiencia muy enrriquecedora. No obstante si aún no lo has hecho, te emplazo a LA GRÁN QUEDADA que estamos organizando entre Racero y yo para el verano de 2007.

Gracias Racero por esta Web, un saludo y hasta siempre.

Fernando Sibón Macarro

Relato 3

¡Hola colonieros!

Parece que, después de todo, no es tan fácil librarse de la magia de aquél edificio color desierto...
Como algunos, volví allí. La sensación fue intensa.
Todo parecía más pequeño, los pasillos más estrechos, el comedor "bonito" se me antojó minúsculo...¿cómo nos metíamos allí? Habían hecho algunas reformas desde que me marché como alumno, pero todo seguía alli, los lavabos, el cine, la enfermería (incluso la máquina de rayos x). Cerré de un portazo una taquilla de chapa.
Su sonido me golpeó, transportándome años atrás.
Estaba todo: las calderas, los cristales pintados de verde de las habitaciones, los encerados, la bodega, el ruido de los camiones por la carretera...
Pasamos todo el día recorriendo el centro, invadiendo zonas prohibidas e incluso inexistentes para nosotros en aquella época (el torreón de las hermanas, el ascensor que nunca vimos).Barrimos el suelo de una de las habitaciones de "La Residencia" e hicimos noche.
Al día suguiente me levanté pronto y dí una vuelta por mi cuenta. Fue curioso, los pasillos ya no parecían tan estrechos, las salas tan pequeñas. El alumno regresaba, el centro le acogía de nuevo. Regresé a por mis compañeros, hora de marcharse...
Soy el "Tardón mediano", hoy día 37 tacos, marido y papi de una "ninia" de 8 mesecitos que un día me voy a comer...
Este ha sido un primer contacto, espero que haya muchos más, puedo conseguiros a los Huertas y algunas fotos y vídeos colonieros. Un saludo a los buscadores Racero y Sibón, es un bonito proyecto.
Hala, creo que oigo la sirena, no lleguéis tarde a formación, ya sabéis que os quitan 0,20 puntos...


Jose García Tardón

Relato 4


Hola camaradas de la mina:

Si estais esperando aumentar la sección de relatos con algo auténticamente gore, ahí va mi aportación.
Yo llegué a Quintana en 1977, “atraido” por la idea de que estaba mi íntimo amigo Luis Sarrais y obligado por que habían cerrado el CHOE-CHA de Chamartín. A mi madre no se le ocurrió nada mejor que enviarme al culo del mundo.
Como digo fue en 1977, tenía 8 añitos y estudiaba 3º de E.G.B. El dormitorio estaba entonces en la planta baja, ala derecha, justo delante de lo que era el comedor de los mayores. Era nave corrida. Tuve la “suerte” de tener mi catre flanqueado por dos personas de las que no recuerdo su nombre (es posible que sí, pero no es momento de airearlo), cuya habilidad consistía en levantarse todas las mañanas con “escapes”. El de mi izquierda se cagaba y el de mi derecha se meaba.
Los que teneis hijos como yo, pensar por un momento en mi situación comparando con vuestro hijo de esa edad. Que panorama.
Pero ahí no acaba todo, levantarse con esos hedores era lo de menos. Lo bueno venía cuando las monjas que nos levantaban veían el pastel. Se les hinchaba la vena, les entraba una mala hostia y, aplicando los conocimientos psicológicos de la época, no dudaban en restregar los gayumbos llenos de mierda por la cara del desgraciado confiando en que era el mejor metodo para terminar con los escapes.
Bueno, el próximo día algo mas divertido, como cuando me tiré dos semanas o más aislado en un torreón por pillar la varicela. Nadie ha mencionado a LA LOLA, ese ser mitad mujer, mitad ogro ¿existió o es una fantasía mía?.
Un abrazo a todos, espero que respiren por algún lado Luis Neira y Tardón el mediano. Si quereis poneros en contacto conmigo, pedir la dirección.

Jesus Burgos García

Relato 5


Hola, soy Luis Racero,
Respondiendo al relato de Jesús Burgos te diré que en mi caso me mandaron a la colonia, según me dijeron, para que estudiase, jajaja.
Recuerdo el primer día, nada mas llegar nos metieron en el gimnasio, perdido, con gente desconocida, en un lugar desconocido. No se cuantas lagrimas derramé por las noches, buscando una explicación al porque de encontrarme en esa situación. Cuando llegue nos acomodaron en un dormitorio enorme, flanqueado por camas de tubo metálicas a ambos lados y unos colchones de lana pesadísimos que teníamos que aporrear todas las mañanas para quitarles la forma del cuerpo, la mancha amarilla era imposible. Ese olor a orines... A todo nos acostumbramos y sin darme cuenta ya formaba parte de mi vida y aun mas comencé a disfrutar, de la batallas de almohadas, las risas de noche antes de acostarnos, cuando se ponían la funda de almohada a forma de traje, el ruido de las tapas de madera de las mesitas de noche, a los ñiqui, ñiqui de las camas, jajaja. ¿Quién era el pajotero?,jajaja.

Las duchas…. volcaban la cesta de los bañadores en el suelo y búscate la vida, a la carrera, entra por un lado, enjabónate y sal por patas… con el sonido de fondo del queso gritando, frótense bien por los fondillos y como no el éxito del verano que cantábamos a coro, bellotero, bellotero…o la Raaaamona pechugona…

Desayuno con chocolate caliente que cuando se enfriaba se solidificaba en esas jarras de aluminio de colores metálicos, ja, y los mangos de los cuchillos que poníamos en las esquinas para que las señoritas se apoyasen en ellos,jajaja.

En clase en los primeros años el “queso” nos toqueteaba el lóbulo de la oreja, choos, que repelus y los golpes con las la regla en las uñas, el picor en las patillas cuando te levantaban por ellas. El crujir de las rodillas tras horas castigado en una esquina con los brazos en cruz. Después descubrieron métodos nuevos de tortura, jaja, manteniendo una silla horizontal con los brazos extendidos. Pero el no va mas eran, las bofetadas, caíamos al suelo como monigotes y el moflete alcanzaba temperaturas increíbles. Recuerdo un día en clase, Sierra hacia una pajarita de papel sentado en el pupitre y Don Carlos le pillo, le dio tal bofetón que arrastro con el su pupitre y el de delante que estaba vacío. A los tábanos les poníamos un hilo atado con un papel y paseaban por toda la clase, era un deporte de riesgo si nos pillaban.

Una tarde noche, no recuerdo por que motivo, tres de nosotros hicimos cabrear al monitor que jugaba al frontón (no recuerdo su nombre) , nos persiguió corriendo por los pasillos (mas enfadado de lo habitual) llegamos a los baños del fondo de los dormitorios de arriba, yo me escondí tras la puerta de un baño y uno de los otros dos se dio de frente contra otra, callo al suelo gritando que se había roto una pierna el monitor dudo, momento que aproveche para salir por patas a esconderme bajo una cama (llena de pelusas), los compañeros de cuarto(ya dormíamos en los de arriba) me advirtieron que había dicho que si me cogía me mataba. Presa del pánico salí corriendo, me cruce con el por el pasillo y se inicio una persecución, bajé por las escaleras de la lavandería con el pisándome los talones hasta el garaje y me metí bajo un camión. Le oía gritar…te mato, si te cojo te mato…jajaja. Allí pase una hora, cagado de miedo, en pijama y sin una zapatilla, de vuelta al dormitorio, todos dormían, me metí en la cama y caí rendido a mi suerte. A la mañana siguiente no se comento nada del asunto, otra vez había escapado…

para Carlos Fernández…Yo también forme parte del grupo de playbak de estatus quo y obus, geniales las guitarras que nos hicimos, la coreografía y las pelucas de lana azul sujetas con una cinta de pelo, jajaj.

para Sorando… recuerdo que nos hicieron desfilar por delante del cadáver de Sor Petra, fue la primera vez que veía uno, tenía los labios morados…

para Jesús Sanz…Escondimos los aguiluchos en la caseta del agua y los alimentábamos con crías de urraca, hasta que el chema nos pillo y tras cagarle encima, nos hizo entregarlos, les hicieron una jaula y los soltaron el día que termino el curso.

…la colección de huevos guardada en una caja de galletas llena de serrín…hacerles los agujeros y soplar para vaciarlos…Los lagartos y las salcides…

Los arcos con cuerdas negras de embalar y flechas con punta de capuchón de bolígrafo bic agujereada para meter un clavo, o chapas aplastadas…

Quien no se hizo un fiera jugando al ping pong… que bien jugaba Arrocha… tenía estilo.
Hasta hace muy poco soñaba que tenía que volver a la colonia, que angustia…pero desde mi visita en agosto del 2006 las pesadillas han desaparecido.

Espero recordar mas cosas, con la ayuda de todos
Luis Racero García

Relato 6


Luis Sarrais

Recuerdo a D. Carlos Dionisio , el de matemáticas, alto, delgado, con bigote y con cara de amargado. Daba hostias que arrancaban cabezas. Nos ponía en fila (estábamos entonces en 5º de EGB, en 1979), y con la mano abierta te pegaba una hostión que te desplazaba del sitio. Según se acercaba tu turno empezabas a sudar, y a rezar para que en el último minuto ocurriese un milagro que cambiase tu suerte. Evidentemente desde entonces ya no creo en los milagros, tampoco en los que nos los venden. Sólo teníamos 10 años joder¡y nuestro delito era no hacer los deberes en clase. Si cometías el error de gira la cara para evitar el golpe, el muy H.P. te obsequiaba con otro de regalo Por cierto, la historia se repetía todos lo dias y por la noche sabías que al día siguiente te llevarías la hostia inevitablemente, pero aún así no los hacías porque NO NOS SALIA DE LOS COJONES. Supongo que era nuestra forma de rebelarnos de aquella situación, nuestra pequeña parcela de libertad, nuestros pocos momentos de decidir por nosotrosmismos.
En este sentido hay otra anécdota. En un correo Jesús Burgos (Chus para los amigos) me preguntaba por mi animadversión por los huevos fritos. Recuerdo que me negaba a comer ese infecto manjar y las monjas estuvieron durante un tiempo (hasta que se aburrieron de putearme) castigándome en el comedor delante del plato con los huevos , con las luces apagadas y todo la peña durmiendo. Era un crio y a pesar del pánico que me producía estar solo y a oscuras en un sitio tan siniestro por la noche, no me los comía. Porqué?....PORQUE NO ME SALIA DE LOS COJONES, INSISTO.
También estaba D. Antonio, en 5º curso, al que le gustaba sacar la mano a pasear. Recuerdo una vez, en clase que estábamos de cachondeo y trincó a uno de nosotros (mala suerte). Concretamente fue al RANA (un chaval de Valladolid que tenía un bulto en la tripa. Parecía que se había tragado el monstruo de Alien), y le pegó una ensalada de hostias brutal. Acabo con una patada que lo SENTO¡ (lo juro) en la papelera de clase. Todos nos mirábamos entre descojonados y aterrorizados, sentimientospor cierto muy comunes a todos en aquellos años.
Lamento no enviar un correo cargado de optimismo y de buenos recuerdos, pero creo que también debemos reflexionar sobre las cosas que nos ocurrieron y condicionaron nuestra personalidad y nuestra relación desde entonces con los demás. Especialmentea los que entramos siendo crios (yo con 7 años) y salimos siendo unos hombres de 13 años.

Luis Sarrais

 

Relato 7


En mi vida, debido a problemas familiares, siempre he estado falto de cariño, supongo que cada uno traía una historia. Allí quedábamos los primeros días de septiembre en un dormitorio todos llorando antes de acostarnos, incluso acostados se oían gemidos por la partida de nuestros padres. Todos los años con el tiempo he recordado esa escena.

Esperábamos las vacaciones porque regresábamos de nuevo al hogar. Entonces los familiares recogían a sus hijos en el colegio, yo también esperaba ver a mis padres, pero nunca llegaban.

Los primeros días de vacaciones en la Colonia miraba desde la ventana del dormitorio o desde la pérgola si venia un coche pensaba “aquellos serán mis padres”pero no era eso, alguien había olvidado ropa o una maleta. Me quedaba solo como un perrito en el escaparate de la tienda de animales sin que nadie lo compre. Cuando llegue a permanecer durante largos periodos vacacionales empalmando un curso con otro durante 2 años consecutivos, conseguí superar esa nostalgia a la familia. Lo hice rápido.

Allí pase largos veranos con mi hermano aprendiendo con aquellas bicicletas francesas en las que pedaleabas hacia atrás para frenar. Que complicado era frenar!!.Entonces frenaba con el único freno que tenían; el delantero. La bici se clavaba con la rueda delantera y daba la voltereta yo quedaba en el suelo y la bici se estampaba en algún árbol. Cuando conseguí dominar la práctica de frenar pedaleando hacia atrás, al hacerlo, la bici se quedaba inmóvil como una mula y era yo quien salía volando por encima del manillar.

Así cuando comenzaba otro curso y volvía a ver la imagen de aquellos niños pequeños llorando que quedaban solos en el colegio en los primeros días del mes de septiembre yo conseguía superarlo y entonces ya no lloraba.

Era un niño de 8 añitos irónico me gustaba reírme de todo pasárlo bien como a cualquier niño, conseguía soportar esa necesidad de cariño. Conforme crecía iba captando el mensaje. Mi falta de afecto era obvia. Entonces un rayo de luz ilumino mi vida como una estrella como la estrella que ví la primera vez que Sor Gloria me diera una ostia en la cabeza con el pedazo llave del dormitorio Como la necesidad agudiza el ingenio, tuve que sobrevivir ante tanta represión violenta por parte de educadores (monitores, monjas y profesores) y de la de los mayores. Para ello contaba con 2 armas: caer en gracia y ser gracioso. Como era tímido y sabia actuar bien cuando los educadores repartían ostias mi rol era caer en gracia, dar lastima y cuando estaba con los mayores mi rol era hacer gracia así no me daban. Cuan generosidad todos me querían dar!!

Allí encontré momentos de reflexión con los capones de Don Aurelio, los tirones de patillas de Don Jesus apodado cariñosamente por nosotros como “el Queso” y gran persona, con aquella mirada desafiante por encima del hombro sin parpadear, me hacían recapacitar en mis momentos mas afligidos y en la cantidad de ostias como panes que se repartían en aquel lugar. Recuerdo también las patéticas clases de yoga del Patter en la que me felicito en una de ellas. Tengo un buen recuerdo de él ya que me trajo en brazos a estudio con gran recibimiento cuando me dieron el alta por una hepatitis en el hospital de Palencia.(única visita que tuve en 2 meses hospitalizado).

Recuerdo los nombres en el listado que publicasteis del texto encontrado en las ruinas de quintana la clase del año anterior (1981) que fue mi último año allí. Al igual que recordareis los que estuvimos en el 1980 en el torreón izquierdo cuando íbamos a 5º EGB. Una noche estábamos armando bronca como casi todas las noches y llego “la Lola” con Sor Gloria al oír tanto ruido, de los que allí estábamos 2 o 3 ya dormían, entre ellos recuerdo al pobre Borreguero porque se abalanzó "la Lola" sobre el y le descargo una ‘somanta’ de palos con la zapatilla que le dejo tibio. jajaja. Como dice Luís Sarrais tenias que esconderte bajo la colcha y desgüevarte de risa sin que te vieran porque sino recibías también.

Otro recuerdo imborrable en mi memoria estábamos apoyados en la barra del puesto de golosinas un domingo antes de la peli de cine. Como siempre pedíamos pipas y mientras Sor Nieves se iba a la trastienda a buscarlas en ese momento una fila de brazos se extendían apoyados con la otra mano intentando alcanzar una gran bandeja de golosinas, ritual que se repetía casi todos los domingos antes del cine. En aquella ocasión la barra cedió y caímos todos hacia la bandeja la cual cayo sobre nosotros entonces salio Sor Nieves hecha una furia arremetiendo contra todos que tuvimos que salir por patas. jajaja

Por cierto!...Yo he sido profesor titular en una Escuela Militar para Suboficiales del Ejercito del Aire. En la educación no existe circunstancias políticas ni tiempos sino personas que actúan con amor y respetoque instruyen orden y disciplina y que actúan en base a sus principios. No creo sea fácil en la labor docente hacia unos casi adolescentes, pero si algo aprendí de allí es el valor de la amistad, el amor, el respeto y el compañerismo como pilar básico para la convivencia. Pero aquí no se esta juzgando a nadie simplemente se están contando anécdotas que nos ocurrieron y forman parte nuestra vida para siempre. Creo que en la vida no es cuestión de perdonar sino actuar con amor. Eso lo aprendí allí.

Jose Manuel Martinez Sorando

Relato 8


Os acordáis de:

Por las mañanas, en invierno, con el frío que hacía en los lavabos, teníamos que enjabonarnos los sobacos, e ir con los brazos en alto hasta donde estaba el monitor, para que nos tachara de la lista y cantar tu número¡el 63! Y entonces ya podías aclararte........
Por la noche nos teníamos que lavar los pies en un acto único de contorsionismo levantando los pies y metiendolos en los lavabos, para que el aire en los dormitorios fuera respirable.....

Teníamos que llevar el papel higiénico en el bolsillo........

Cuando éramos pequeños nuestros padres nos daban 100 pesetas para todo el trimestre y nos las administraban las monjas dándonos 3 golosinas el domingo antes del cine, lo que tocara, un pirulí, un regaliz, y unas pastillas dulces, pero ahí no acababa la cosa, nos hablaban del domund de la caridad, y de lo mal que lo pasaban otros niños que no tenían que comer, y nos decían que donáramos una golosina para estos niños de Africa.........y nosotros convencidos de la buena acción, dudábamos mirando nuestras 3 golosinas a ver cual le dábamos a los del Domund , pasábamos formados y allí se depositaba la 3ª golosina en el cesto que disponían las hermanas.¡Que fácil es manipular a los niños!...¿verdad hermanas mercedarias de la caridad?

Viernes por la tarde noche, en el dormitorio con 8 añitos:
¡Quien mejor limpie los zapatos, le dejo bajar a la tele a ver el 1,2,3! Decía Sor Pilar. Bajaban 10 de 120, los enchufaos, ya podías cepillar las botas de soldado que teníamos, escupir, abrillantar, dar crema,,,,,,,,¡nada!, los enchufaos.

Los primeros años, teníamos misa y rosario todos los días. Con la cantinela del rosario y el calorcito, te dedicabasa rasparte las manchas de los pantalones y te entraba un sueño que empezabas a dar campanadas con la cabeza, y era entonces cuando se acercaba a ti Sor Gloria y con cara vinagre te susurraba:¡Despierta que te tienta Satanásssssssssssssssssssss! Y a mí me entraba un acojone que no puedes imaginarte, por que veía que el sueño me vencía y ya me imaginaba en el infierno.
¡Que dotes pedagógicas que tenían las mercedarias!
Por no hablar de que por las mañanas lo primero que se hacía, era formar frente a la bandera, y mientras se izaba, cantabamos el “soy valiente y leal legionario””la mirada” etc,etc, etcaño 73 y 74,
Antes de que llegara D.Jose Espinosa “El Pater” yo fui el 27, luego el 48 y al final el 63. Gracias padre, al final era el Sanz.

Dormitorio en galería, camas a los dos lados, todo oscuro y unos pilotos de luz roja alumbraban por encima de las taquillas esparciendo un halo siniestro por doquier, salías al pasillo y te encaminabas a la luz del final hacia el baño para orinar por que ya no podías más. Al final del pasillo a la derecha te cortaban el paso dos ventanas que mostraban todos los miedos que teníamos aquellos niños de entonces,¡ la puta ventana ¡ ¡Que acojone! Pasabas corriendo y sin mirar, meabas, y otra vez las ventanitas mirándote desde la oscuridad de La noche.

Las zonas prohibidas:
Existían en el colegio zonas prohibidas del tipo, ahora no se puede pasar por aquí (1er grado) como los pasillos de planta baja,hall de entrada, o del tipo, aquí no se puede entrar nunca,( 2º grado) despachos de monjas o profesores, cocina, los límites, etc o, los del 3er grado que eran del tipo, si entras aquí “la has cagao”, despacho del director, dormitorios de las señoritas, almacén de la comida. Existía un ascensor que no funcionó nunca, un aparato de rayos x que no se usó nunca, cuartos que no se abrían nunca. La Lola que vivía en los torreones ¿Pero quien era esa mujer?
No guardo rencor a los monitores, que aunque a veces se pasaban con la dureza de los castigos, entiendo que si no la aplicaban, nos los comíamos por una pierna, pero lo que no perdono ni con la distancia de los años (reconozco que soy un resentido) es la violencia gratuita de las monjas contra los niños y la violencia psicológica que aplicaban.
Hemos visto como a los meones, les ponían las sábanas mojadas como capa y les hacían dar un paseo con ella por el dormitorio de los mayores..........¿Hay algo peor para un niño?
Hemos visto a la monja en las duchas restregar con un estropajo en la piel hasta hacer sangre..............
Hemos visto que tenías que estar medio desmayado para que sor Gloria dedujera que sí, que tenías fiebre, que el niño estaría mejor en la cama.
En pleno invierno algunos niños con pantalones cortos sin medios, tenían que estar en la calle, para no ensuciar los pasillos.
Y la comida, cuando se ponían las monjas en jarras a tu lado hasta que te lo comieras todo............
Vomitabas.................Otro plato.....................Se dio el caso de hacer comer el vómito...........Lo dicho, unas santas.........

Jesús Sanz Mínguez

Relato 9
 

LA NOCHE DEL FUEGO


Acababan de apagar las luces de las habitaciones, era hora de sobar. No sé, tal vez era viernes y eso siempre provocaba un poquito mas, si cabe, las ganas de cachondeo del personal. El caso es que mi hermano Carlos y yo teníamos sendos botes de colonia de la “FAS” de 1 litro por lo menos. Tampoco recuerdo el motivo, pero empezamos a echar un poquito de colonia al suelo y a prenderla con mecheros. Molaba ver la llama azulada del alcohol. Luego cada uno aportaba sus variaciones. Como los botes de colonia podían lanzar un chorrito, inventamos un lanzallamas. Iba muy bien contra unos soldaditos de plástico que resignadamente se deformaban por el calor. Algún “artista” dirigió el chorro con habilidad e hizo un dibujo sencillo. Luego fue el turno de las letras, incluso aprendimos a escribir nuestros nombres con letras de fuego. Con esto flipamos, quedaba muy “Heavy Metal”, tan presente en aquellos tiempos. En una de éstas, alguien lanzó un cohechito de “Guisval” a través de las flamas. Guay, era como un mini “Alain Petit”. Lo interesante era intentar hacer chocar dos cochecitos con soldaditos dentro sobre un charco ardiente. En fin, en esas andábamos cuando alguien dio la voz de alarma: - ¡El Queso, el Queso!
Desbandada, todos nos metimos en las camas, en medio segundo todo quedó en calma chicha. Entonces me pregunté si alguien se había molestado en apagar el último rastrojo azulado que habíamos montado...
Escuchamos los pasitos acelerados de Don Jesús por el pasillo. La tensión iba en aumento, tal vez pasara de largo y fuera a por los macarrillas de la uno o la dos... no. Se plantó en la seis, la nuestra, y bastante mosqueado por cierto.
¿Qué-ha-pa-sa-do-a-quí? – gritó bajo en resplandor de la lucecita roja sobre la puerta. Silencio. Misma pregunta, era obvio que no se marcharía sin una respuesta. Así que pusimos en práctica algo muy habitual en nosotros: simular que estabas durmiendo plácidamente y que te despertabas inocentemente. Lo importante era la interpretación.
Había tres estilos principales, a saber
:
El Vampiro Sorprendido. Para interpretar a éste, uno tenía que levantarse tipo Drácula saliendo de la tumba, pero mas rápido, rígido, como si tuvieras un muelle en la espalda, mirando a diestro y siniestro y diciendo: - ¿Qué pasa, qué...?
El Zombi. Para este estilo, uno empezaba a moverse lentamente y a gimotear para surgir despacio bajo una montaña de sábanas y mantas liadas como un muerto viviente, al tiempo que hablando en un bostezo decías: - ...¿eh paha...?
Tercer estilo, este para los mas tímidos: El Inerte. El Inerte no se despertaba, sin mas. No le afectaban los gritos, ni la luz encendida, ni los collejones que nos iban cayendo uno a uno. Incólume, esperaba a que el monitor desapareciese por algún motivo, salvándose así del castigo. Hay que decir que algunos interpretaban muy bien al Inerte, el monitor llegaba incluso a dudar. Recuerdo que estaba mirando por el rabillo del ojo al compi que dormía enfrente. El Queso se acercó despacito y retiró la sábana de su cara.
Parecía dudar. “Este se libra”- pensé. Y no, collejón de narices.
Existía un cuarto tipo, muy curioso dada la situación: El Capullo Descojonado. A veces veías cómo uno de los montones de ropa se ponía a vibrar, y podías escuchar una risilla apagada. Al poco veías otro hacer lo mismo, era algo que se iba extendiendo como un incendio. Esto era peligroso, cabreaba mas al monitor. Intentabas mantener la calma mientras se acercaba a tu cama y entonces recordabas el collejón que se había llevado tu colega. Así que intentabas camuflar la risa fingiendo un ataque repentino de tos, o lo que fuera...nada que hacer. Al final te alcanzaba la zarpa, veías un flash de luz blanca y te quedabas jodidillo escuchando un pitido mientras te ardía la cara.
Una vez hubo repartido leña, Don Jesús se dirigió a la salida. Entonces le dio una patada a uno de los cochecitos de “Guisval”, que salió rodando hasta piñarse contra el rodapié del cuarto. La escena fue dantesca: todos descojonados, Don Jesús saltando de cama en cama, repartiendo a troche y moche. Incluso el Wicho Loco hizo sonar su trompetilla desde otra habitación mientras gritaba: - ¡Para Queso, para Queso!
En fin, Don Jesús nos dejó y salió para acallar el motín, se agradece la ayuda entrañable Wicho. Rato después, mientras calmabas el llanto (llorar solía detener los collejones), recordabas lo que había pasado y te dabas cuenta de la peste a colonia y plástico quemado que había en la habitación. Y claro, se te acababa dibujando una sonrisilla en los labios.

Jose Tardon



Relato 10
 

Quintana. Otoño de 1977

Jugaba en los toboganes de la pérgola con Luís y me caí desde lo más alto del más alto. Me hice un daño tremendo. Luís me llevó a la Sala de Curas por que me dolía muchísimo. Recuerdo que había un médico civil. Me preguntó donde me dolía y yo como pude le señalé la pierna. Me hicieron una radiografía y al poco tiempo me dijo el médico que lo veía todo bien y que me fuera a jugar. Salí de allí andando con Luís, arrastrando la pierna. Era tanto el dolor que se ofreció a llevarme a caballito. Entonces apareció un monitor, no recuerdo su nombre pero sí su aspecto, era algo gordo, con bigote y el pelo negro engominado para atrás, siempre estaba “tirando los trastos” a las chicas de comedor. El caso es que acabábamos de bajar las escaleras centrales (ya sabéis, zona prohibida) y se pensó que estábamos jugando, así que nos llamó la atención para que nos largáramos de allí andando los dos. Luís le explicó el accidente, el dolor que tenía y que veníamos de botiquín. El cabrón no tuvo compasión de mí y repitió que nos largáramos andando. Salí de allí aguantando el dolor y girando la cabeza, pero el desgraciado se había plantado allí hasta vernos desaparecer por la otra punta del pasillo. ¡Qué largo se me hizo aquel pasillo!
Pasé la tarde como pude y por la noche lloraba de dolor. Al día siguiente decidieron llevarme al hospital de Palencia o de Valladolid, no recuerdo, acompañado por aquel médico. Allí me volvieron a hacer otras radiografías y se dieron cuenta de que me había roto la pierna.
En la mente tengo la imagen de estar sentado en una silla de ruedas y el médico aquel echándome la bronca por no haberle señalado exactamente donde me dolía. La culpa era mía. Tenía 8 años.
Hoy todavía tengo el hueso de la pierna descolocado.

Lo que no te mata te hace más fuerte.
Jesus Burgos García
Relato 11
 

Hola Quintaneros:
Soy Ángel Ríos, estuve en la colonia desde setiembre de 1969 hasta junio del 1977, bueno de regalo también el verano del 1969 de colonias, dijeron mis padres para acostumbrarme, total 7 cursos.
Leyendo relatos me vienen muchos recuerdos a la memoria sobre todo cuando he leído el de Jesús Sanz Minguez (un fuerte abrazo Jesús espero que nos veamos pronto)
Cuando llegue en 1969 éramos 94 niños, yo era el nº 26, por que las monjas nos llamaban por el número, recuerdo aquel dormitorio largo, cama, mesilla, cama, me silla, cama, etc., con los colchones de lana que por las mañanas para hacer la cama había que darles la vuelta y mullirlos nos ayudábamos unos ha otros, y si la cama no quedaba bien hecha cuando veníamos de misa (obligatoria diaria mientras yo permanecí en la colonia) no la encontrábamos desecha y con la consabida bofetada y si era de sor Juliana os aseguro que veíamos las estrellas.
Comenta Jesús Sanz que en invierno los sobacos enjabonados, yo recuerdo que era tambien la cabeza y con el poco pelo era difícil hasta enjabonarse, pero os aseguro que lo lográbamos, antes de recibir una bofetada, tortazo, etc., y volverte a lavar.
Me vienen a la memoria muchos nombres, los hermanos Pesquera, Trascasas, Poyato, Hermanos Jaldo, Morchon, Vara del Rey, Aperador rubio, etc.
También de Hermanas: Sor Oliva, Sor Juliana, Sor Nieves, Sor Benedicta, Sor Petra, etc.
Recordáis que la ducha era obligatoria todos los miércoles y sábados (los miércoles solo nos cambiamos de ropa interior y los sábados de todo) y en mis primeros años nos teníamos que duchar con el bañador puesto obligatoriamente. También recuerdo que nos castigaban los sábados y domingos las monjas ha doblar los calcetines de todos y cuando terminábamos hacer Rosarios de Garbanzos.
Son innumerables recuerdos que vienen a nuestras cabezas, en otro momento os enviare otros recuerdos y relatos que mi memoria aun conservan.

Un abrazo para todos.
Ángel Ríos Rey
1969/1977

Relato 12
 

Hola chicos.
Recién llegado a la Colonia era el 76 creo y con once primaveras, una de las mañanas que nos tocaba lavarnos la cabeza con jabón lagarto, para hacer la gracia a los que tenia al lado, me hice un par de cuernos con el pelo mojado y el jabón , la cuestión es que salieron clavados , como clavadas las dos bofetadas que Sor Pilar me dio por la espalda , cogiéndome por un brazo y diciéndome que estaba endemoniado ,me corrió a leches hasta el despacho del Director ,que por cierto no estaba en allí, así que tuve que estar con medio cuerpo desnudo , unos de los cuernos de jabón ya doblado y la cara inflada con la mayoría de los penitentes que estábamos allí mirándome como si me llevasen a la cámara de gas. Cuando llego el Director , lo primero que Sor Pilar le dijo es que había que expulsarme del colegio ( menos mal que no me exorcizo con un puñal en el pecho ) , que si falto de moral cristiana , criatura del averno, etc .El Director impasible ,con cara de poker le pidió a la individua esta que me dejase solo con el , yo claro llorando y con los cuernos de jabón ( aquello debería ser una foto del millón) me miro y sonriendo me dijo prométeme que no volverás ha hacer una cosa así , que si hay que portarse bien , yo claro palabrita del niño Jesús. Cada vez que me cruzaba con ella , creo que debía agarrar el crucifijo y murmurar ‘vade retro Satanás’.
Y otra de las historias, recuerdo que no fue al primero que le paso, pero un día al levantarnos me encontré un lirón careto sobando entre mis pies .Lo siguiente, revuelta y caza del lirón., que se escapo pero nos quedamos con su rabo.
Quien no se acuerda de la caída de Javier Catón en el patio interior del dormitorio de los mayores con los dedos todavía marcados en la pared.
Y las escapadas por el sembrado de la finca el Moral, con los guardas a caballo corriéndonos a fustazos .

Ya iré contando lo que recuerde de aquellos días.
Un saludo a todos
Jesus Agapito Fernández

Relato 13
 

Sor Pilar

Dos veces al mes nos cambiaban las sabanas de la cama, y teníamos que deshacerla y echarlas al centro del pasillo que formaban las dos hileras de camas a lo largo del dormitorio, las señoritas hacían unos atillos para recogerlas y llevarlas a la lavandería.
Iba yo, en tales circunstancias dando patadas a los montones de sábanas que se amontonaban en el pasillo, a diestro y siniestro cuando de repente uno de esos montones se levanta ¡¡¡¡¡¡y resultó ser Sor Pilar!!!!!!! Le había metido una patada en el culo a sor Pilar……………..
Me metió un bofetón en giro con brazo abierto, a la vez que gritaba ¡Pero estás tonto! , que me mandó a otro montón de sábanas acopiadas en el suelo, esperaba yo que la cólera de la mercedaria se cebara conmigo, pero oh, sorpresa no me pegó más????????, se dio la vuelta y me ignoró.
Debió suponer que tal agresión fue realmente sin querer, por que yo ya me veía expulsado por siempre o castigado con todos los males posibles per secula seculorum. Asi que agaché las orejas y despacito, despacito me alejé de allí, calentito pero sin represalias.

El boca Peo

Se puso de moda el Boca Peo, y hubo compañeros que llegaron a perfeccionarlo de tal manera que alucinabas. La técnica consistía en que cuando había bocadillo de chorizo, te lo comías, luego eructabas pero te guardabas el aire en la boca, y cuando pasabas cerca de tu víctima, le echabas el aire a la cara soplando………..¡Que peste!…..

Jesús sanz

Relato 14
 

Entrañable Navidad


En Diciembre, los primeros copos de nieve dejaban un manto blanco por toda la Colonia. Se acercaban vacaciones y se palpaba en el aire cierta alegría incontenida y cosquilleo en el cuerpo. Tambien se “estiraban” en el comedor en los postres con algo de turrón y peladillas. Las clases se suspendían para adornarlas con guirnaldas y cadenas de papel que construíamos y pintábamos enlazandolas con celo. Juntabamos las mesas y sobre ellas contruíamos bonitos belenes de Navidad. Mientras unos decoraban la clase, otros se repartían en grupos en los que unos conseguían musgos y cortezas, otros buscaban escoria debajo de la escalera pequeña de la pérgola para hacer montañas, los ríos los hacíamos con papel plateado, las nubes con algodón. Lo mejor: las figuras del belén. Días antes en las minas de arcilla habíamos hecho los camellos y los Reyes Magos asi como todos los miembros del belen. En verano para que secaran antes los envolvíamos en hojas y enterrábamos en la tierra. En invierno, con la calefacción, los poníamos sobre los radiadores y se endurecían antes. De la misma forma haciamos canicas de arcilla y otros los bolones (canicas grandes) que parecían albóndigas por su tamaño y forma.
Teniamos poco pero para nosotros era todo y con eso nos bastaba. Haciamos con cualquier cosa un mundo de fantasia e imaginación.
Con todo, cada clase tenía su belen y su decoración. También había uno en representación del colegio que se exponía en una cuarta del hall de la entrada del colegio.
Aprovechábamos cualquier momento para hacer muñecos de nieve casi siempre en la pergola y nos tirabamos bolazos porque por la tarde ya no quedaría nada, tan solo nieve dura. Cuando habia nieve y nos tirabamos por la gran cuesta cuando hicieron la pista de tierra que llevaba desde la pergola a las minas de arcilla, con las tapas de báter o con un saco de plastico.
Una noche salimos en pijama tapados con la manta dando la vuelta a la Colonia y cantando villancicos hacia los pabellones (donde residían profesores, monitores,..) que nos recibieron a cubazos de agua.
Todo culminaba con la llegada del fin del trimestre y el tan esperado retorno a nuestro hogar que parecia nunca llegar.

Días de fútbol

Dentro de aquel estereotipo de personas buenas y malas, dioses y demonios para nuestra imaginación infantil estaba el queso. Este, pese a otros también tenía un lado dulce y cómico ya que en varias ocasiones cuando habías hecho algo “malo” para hacerse respetar y tener controlada la situación te miraba atónito con los ojos como platos durante unos segundos. Si tú le seguías la mirada, él se insinuaba dominante, entonces arqueaba las cejas e incluso llegaba levantar la cara o a ponerse de puntillas (estilo matador).Si persistías en ese diálogo de miradas durante unos segundos más, acababa echándose a reír.
El queso siempre estaba metido en todos los eventos deportivos de fútbol. Aunque yo no participaba me gustaba verle arbitrar, resultaba divertido.
Quien no le recuerda arbitrando un partido de fútbol vestido con camiseta negra y mallot negro marcando paquete, aquel cuerpo torero con barriga y colocándose la “melena” que le bailaba en su gran cabeza redonda siempre con el pito en la boca dispuesto como los perros de caza a pitar un estornudo.
Y cuando iba a chutar era para morirse de risa con aquellas entradas en las que primero llegaba su barriga después él, entonces todos se apartaban y a pesar de sus piernas cortas siempre alcanzaba la pelota. Cualquiera no se la daba!
Cuando alguien le hacia frente se ponía a bailar en el sitio con el balón en medio inmóvil y el contrincante se quedaba con cara de “poker” viendo al queso moverse con la “ensaimada” agitándose.
Movía los brazos en un baile que incluso llegaba, apoyándose con una mano en el suelo, a regatear desde éste (¿invento el break-dance?).
Un abrazo para él y los suyos.

El sr. Mariano, barbero y jardinero (qepd) era persona mayor en aquel entonces y tenía la cabeza rapada al cero. Era serio pero aquella mirada tímida y misteriosa ocultaba grandes secretos e historias que contaba mientras nos hacia trasquilones con aquellas tijeras-peine manual (claclacla) y nos afeitaba patillas y cuello con la navaja. Siempre teníamos un trasquilon que lucir.
Historias en el tiempo de cómo le hicieron prisionero por el bando nacional en la guerra civil y participo en las excavaciones de las cuevas de cristalina o de que él ya trabaja allí cuando era hospital antituberculosas (1942) que se construyo antes de ser colonia infantil allá por el año 1955. Las recuerdo porque en una de ellas casi me corta la oreja.

Asalto a las 12

Aquel sábado por la mañana prometía ser un buen día de excursión. Salimos en marcha con las hermanas y algún monitor que no recuerdo. Bajamos por la cuesta, cruzamos el campo de fútbol y nos encaminamos hacia la carretera que nos llevaría al pueblo.
¡Que bien! ver gente nueva, tiendas en las que comprar chuches, cepos, galletas,... ver un bar, ver coches, la gente amable del pueblo, los camiones de remolachas, cualquier cosa que no fuera de la Colonia,...
Cruzamos aquel puente sobre el rio Arlanza, que remolinos, con que fuerza bajaban aquellas aguas rompiendo con todo lo que encontraban a su paso.
Nosotros íbamos como siempre en formación, como los militares aunque sin llevar el paso y sin alineaciones. Cantando canciones que ya no recuerdo.
Entré en el bar del pueblo y compré un paquete de chicles. Un señor amable me atendió. Era mediodia. No se porque me vi atraído por el tumulto que se organizó en una tienda del pueblo y entré.
De repente se paró el tiempo. Me vi sumergido en una situación surrealista en la que por mi cabeza pasaban todo tipo de cajas de galletas, cepos,...y más cajas. La situación invitaba a cogerlas, también teníamos necesidad, aparte de afectiva, de material y de comida, y de dinero,y de tabaco, y ...de sexo. Miraba hacia todos los lados pero solo había niños. Una voz me decía ¡pásala!¡pasa la caja!.No le di importancia y me hice cómplice y partícipe en aquel “saqueo” en el momento que alcé los brazos para ayudar a pasar el motín hacia el exterior de la tienda. Solo quería ver que pasaba allí y me vi envuelto en aquel “fregao”. Podía haberlo ignorado y no haber entrado. O haberlo advertido a alguien.
Al cabo de un rato, el murmullo del agua golpeando sobre las piedras en la orilla del rio y el caudal del rio atravesando los pilares del puente con la brisa que acariciaba las hojas de los álamos, rompían asi el silencio y la quietud del lugar a orillas del rio Arlanza en Quintana del Puente. Permanecimos con el brazo extendido sobre el hombro del de delante, uno sobre otro de cada uno de nosotros, durante casi una hora. Las fuerzas nos vencían y con el otro brazo aguantábamos el brazo extendido o apoyabas el brazo en el hombro del que tenias delante. Uno de los monitores gritaba para que salieran los responsables del saqueo y el material robado. Hasta que al final se presentaron los instigadores del “motín” y cajas y demás enseres incautados apilados a un lado.
Este tipo de formaciones-castigo era muy común a cualquier hora e incluso en invierno en la calle o en el pasillo. A parte de las formaciones que teníamos cuando pasábamos lista.

Jose Manuel Martinez Sorando

Relato 15
 

Bueno, os escribo otro mensaje, mas bien un relato....

Todavia me acuerdo de una noche que nos levantamos a estudiar examenes en la 10 o en la 9 que estaban en el torreon de mayores, debia de ser cuando yo estaba en 6º de EGB, que ademas me acuerdo que estaba "estudiando" .. naturales, y como no lo llevaba muy bien, y yo me habia hecho a la idea que la manera de escapar de ese " buen colegio" , que decia mi padre que me iban a enseñar a ser mas adulto y maduro... era aprobar todas y cuanto antes... no me iba a permitir suspender ninguna... Pues me levante, con mi hermano, creo que con Arrocha, con ¿Sarrais?, con Luis Santiago Moreno Masa, que vive en Valladolid, como mi hermano, Juan J. Herrero Montes... y entre dormida y dormida logre leer 2-3 lineas.... pero a media noche me desperte del todo....
Creo que estaba de noche el monitor, Don Maurilio... que se habia matado ese mismo dia su hermano en un accidente de coche, o estaba muy mal.. supongo que estaria quemado por no poder ir a ver a su hermano... bueno el caso es que nos pilló en el torreon y nos saco al pasillo y nos puso en fila... diciendo la frase magistral de " cuidado con las orejas ponedlas bien que de la ostia que os voy a dar os puedo reventar el timpano"... y empezando por un extremo nos daba la parte correspondiente de ostias y nos ponia al final de la fila y cuando te tocaba de nuevo a joderte... despues de una hora... nos puso en el pasillo con los brazos en cruz... y asi hasta el dia siguiente... que creo que aprobé el examen, pues no repeti....
Esta es una de las historias que recuerdo y que supongo alguno de mis compañeros sufridores se acordara....de todas maneras me se mas... tranquilos que os madare otras del Don Jose Espinosa Doncel ( ese cuyo mote esta protegido en castilla y leon... una persona muy ecuanime... donde las haya).
Un abrazo... y muy buena idea esa de la pagina web....

Carlos A. Herrero Montes.

Relato 16
 

RELATO1
La verdad es que el descubrimiento de la página esta despertando en mí una inmensa nostalgia. Por eso, poco a poco, iré contando cosas de las que me acuerdo ( posiblemente muy adornadas por el paso de los años) y en las que muchos quintaneros se encontrarán identificados. Llegue a Quintana con 8 añitos y estuve hasta 8º EGB. Luego se incorporo mi hermano Miguel. Sufrí todos los castigos: la tortuga, las flexiones, los correazos de Sor Juliana, el arresto en la Galería, las noches sin dormir y de pie… Pero, curiosamente, todo lo malo se ha tornado en bueno, todo lo horrible en aceptable. Leche ¡ si hasta recuerdo con cariño a Sor Pilar y a la sonrisilla conejíl y cínica del Director!
Cuando yo estuve ( 1969-1975) no había chicas en el internado. Nuestros fetiches sexuales: las dos o tres niñas por clase, hijas del personal militar de los alrededores, las niñas del pueblo ( que, en efecto, subían al cine y a cuyos varones nos encargamos de espantar a pedradas) y, sobre todo, nuestras muy queridas y muy amadas señoritas. Algunas nos leerán y se ruborizarán pero no creo que no sepan ya que fueron las primeras musas de nuestros « vicios solitarios». La historia que quiero mandaros hoy para los relatos tiene que ver con ellas. Mi primera ubicación estuvo en el tercer dormitorio ( numero 33), el segundo año pase al segundo ( numero 44) que fue donde me mantuve todos aquellos años. Poco después, habilitaron el torreón ( hasta entonces me parece que se usaba como sala de costura) para alojarnos a unos doce de los más grandes de tamaño y me toco con otros compañeros. En un lado de la habitación había una especie de cubículo de esos con paredes sin techo y ¿ era una cortina? donde dormía la señorita de noche. Ellas se acostaban después que nosotros y, al encender la luz, se creaba una linterna en el techo donde se reflejaba la sombra de la inocente damisela al desnudarse. ¡ Aquello era flipante! Nuestras primeras películas X, nuestros primeros desnudos…. En sombra. Claro que nuestra necesidad de conocer y nuestras hormonas nos llevaban más allá y los más atrevidos ( ¿ Alguien sabe que ha sido de Pedro y Antonio Barroso Cabrera? ¿ Y de Juste que incorporado de Italia dibujo la primera mujer desnuda que vi en mi vida? ) nos subíamos a la pared para mirar por encima como furtivos anhelantes y asustados. Aquello no podía durar. Vimos, si claro, nuestras primera tetas ( desde arriba), pero nos pillaron. La chica de turno se puso a gritar como una posesa y Sor Juliana tomo cartas en el asunto. Ya os podéis imaginar: expulsión del torreón, a la hora del cine a la puerta de la clausura y todos los recreos a dar vueltas corriendo a ver si se nos bajaba la calentura. Nunca se nos bajo. Por lo menos entonces. A algunos ahora solo nos sube la tensión y el colesterol. Pero tras leer los recuerdos de esta web se que seguimos siendo los mismos. Que si estuviéramos otra vez así, nos daríamos calor unos a otros, soportaríamos días enteros de invierno formados en la pérgola sin abrir la boca, sin denunciar a un compañero, aunque en ello nos fuera la vida….
Yo ahora vivo en Jaén. De aquí se dice que se entra llorando y se sale llorando. Yo lo hice así en la Colonia. Lloré en el convoy ferroviario cuando paró en Valladolid y fui consciente de lo solo y lejos de casa que me encontraba. Lloré abrazado a los Barroso, a Sanz Minguez ( uno de los mayores no recuerdo el nombre), al Gordí ( cuyo padre estaba destinado en Tremp) y a alguno más que, por desgracia para mí, no recuerdo, cuando fuimos conscientes de que era posible que no nos volviéramos a ver.
Hace mucho tiempo que soy consciente que, sin esos años en Tierra de Campos, yo no sería el que soy. Y sé, estoy seguro, que soy mejor de lo que hubiera sido sin esa experiencia. Se que algunos no lo veis así y lo entiendo. Pero yo/nosotros sabemos lo que sonlas privaciones, lo que es el sobrevivir ( uso la palabra que habéis utilizado algunos), lo que es la necesidad ( en todos los sentidos), lo que es el que ( con buena o mala intención) te maltraten, te golpeen, no respeten tu forma de pensar, tu forma de vivir,…. Y eso me ha hecho ser más solidario. Creer que nada humano es ajeno, que no podemos sustraernos de los que sufren, que estamos para dar, más que para recibir. Algunos pensareis que se me ha ido la olla. Y puede ser verdad. Ahora mismo veríais un tío de más de cien kilos de peso llorando como un niño de ocho. Me hartaron de Iglesia si, pero entre ellos y mi familia ( gracias pater) me enseñaron lo que es el amar al prójimo como ( ¡ que como!) más que a ti mismo. A Don Jesús decirle que es el profesor que más recuerdo de toda mi infancia ¿ Era él el que organizaba los cineforum para ir al Festival de Cine para niños de Gijón como jurado infantil? En un partido me plantó un balonazo en la cara que todavía me hace temblar y no precisamente de emoción.
Por cierto, yo no me siento abandonado por mis padres. Creo que mi hermano tampoco. Éramos muchos. La paga no llegaba. La vida de un militar en continuo devenir les hizo hacer lo que creían lo mejor para nosotros. Mi madre cuando, de vez en cuando, saco el tema me dice que si nunca les voy a perdonar y yo le digo que no recuerdo nada con rencor. Mis hijas se creen que es un cuento del milonguero de su padre. Hoy, gracias a esta página, sé que es verdad. Otro día hablaremos de Villa Cabaña ( yo era de los mayores que os mantenían fuera), de Villa Escoria, de las escapadas, de los ricos lagartos ahumados como complemento proteínico ( total tampoco había tanta diferencia con lo que comíamos en el comedor),con la paliza que me arreo Nieto atascado en una acequia, de las escapadas fuera de los limites ( parece el Planeta de los Simios) y de muchas otras cosas. UN ABRAZO MUY FUERTE A TODOS Y PROCURAD SER FELICES ( como diría San Felipe Neri) SI PODEÍS.

Cristóbal Fco. Fábrega Ruiz ( 1969-1975).

RELATO2
La Colonia es el único Colegio que he conocido en que estudiar podía ser motivo de castigo.Cuando yo estaba allí teníamos prohibido estar en las aulas fuera de las horas de clase y tampoco se podían sacar los libros de las aulas. ¿ Como aprendíamos entonces? Porque aprender, aprendíamos. Yo viví de las rentas todo el primero de Bachillerato. Creo que por la necesidad: No podíamos permitirnos el lujo de repetir. Eso era un año más allí. Sacábamos los libros de extranjis. Estudiábamos debajo de las sabanas con linternas, en los servicios por la noche, uno vigilando y los demás empollando como locos. Recuerdo una vez que termine subiéndome en el alfeizar de una ventana para que no me agarrarán. ¡ Pase un frío de la hostia! Si nos pillaban teníamos claro que castigo había y gordo.
Cuando estábamos en ¿ 7º? pedimos una hora diaria de estudio que nos fue convenientemente negada. Tras la huelga de las frases ( que ya contaré otro día) éramos conscientes de nuestro poder de movilización ( aislados del mundo pero influidos por la España del 73 y su efervescencia política) y, además, a lo bestia: o te sumabas a la decisión de la vanguardia dominante o… te sumabas a la decisión de la vanguardia dominante. Tu elegías « libremente» con la libertad que daba el elegir entre pertenecer al grupo o ser un paría destino de todas las putadas que se les ocurrieran a los demás. Así que montamos una huelga por la hora de estudio. Nos negamos a toda participación activa en cualquier actividad: no se abrían los libros en clase, no se cantaba en la misa, no rezábamos, nada, nada…. Aguantábamos impertérritos los gritos y sopapos… ¡ por una hora de estudio! Gracias a Dios que los profesores nos apoyaron desde el primer momento y, al final, ganamos. He visto en esta página como algunos habláis del estudio. Posiblemente no sabéis que esa hora nos supuso muchos correazos, horas sin dormir ( bueno durmiendo de pie que a todo se acostumbra uno) en medio del pasillo… Pero lo conseguimos vencimos a las « fuerzas del mal». Niños, si, pero con una mala leche de la hostia…Y forjados en acero. Bueno, he mentido un poquito. Si teníamos una hora semanal: la que las hermanas empleaban en obligarnos a escribir a nuestras casas. « Queridos padres: Espero que al recibo de la presente estéis bien. Yo muy bien. Aquí me tratan muy bien ( cualquiera ponía otra cosa: leían las cartas antes de cerrar el sobre)…». Cartas sin respuesta en el frío páramo castellano. Hubo un momento en que ya no llorábamos, simplemente vivíamos.¿ Todavía os extrañáis de que no podamos dejar de recordar aquello? ¿ es esto síndrome de Estocolmo?
Cristóbal Fco. Fábrega Ruiz ( 1969-1975)


RELATO3
En mi último relato os anunciaba que os hablaría de la huelga de las frases. Supongo que todos recordáis el abuso que en la Colonia se hacía de los castigos colectivos. Se imponían por todo. Que se hablaba en las filas: castigo para todos. Que desaparecían las llaves de la despensa: castigo para todos. Que se rompía la televisión en una gamberrada ( esto ya lo contaré en otra historia): castigo para todos. Lo de menos era quien/quienes eran los culpables. Que se buscarán o se conocieran. En mis tiempos chupábamos todos. Los castigos los recordareis todos: a correr todos los recreos, a formar en el frío y helado patio, toda la noche de pie... En mis tiempos uno de los castigos estrella eran las frases. Y no cien o doscientas. « Para mañana quinientas veces: No hablaré en formación porque mis padres me mandan aquí para obedecer». Si no las entregabas en el tiempo estipulado se doblaban y mientras no las entregabas no existía nada. Ni cine, ni recreo, ni chuches... nada de nada. Aquello crecía continuamente. Incluso mi grupo hizo un negocio de escribir frases para luego venderlas como relleno a cambio de chuches ( nuestra particular moneda de cambio) o cigarrillos. A pesar de todo eso hubo un momento que el tema se hizo insoportable.
Así que la vanguardia ( la de conmigo o... conmigo) decidió que nadie entregará las frases que nos había mandado Sor Juliana ( la que nos sacaba de la cama a correazos por la mañana). Así fue. El día siguiente a la hora de comer ( momento de entrega del material elaborado) la mercedaria se acerco a la primera mesa.

- A ver las frases.
- No las hemos hecho.
- Mañana el doble.

La segunda mesa:

- A ver las frases.
- No las hemos hecho.
- Mañana el doble.

Así todo el segundo dormitorio. El cabreo fue morrocotudo pero todo quedo pendiente para el día siguiente. A la comida siguiente en la primera mesa:

- A ver las frases.
- No las hemos hecho.
- Mañana el doble y castigados hasta que las entreguen.

Segunda mesa:

- A ver las frases.
- No las hemos hecho.
- Mañana el doble y castigados hasta que las entreguen.

Y a la tercera al recibir la fatídica respuesta, tras ponerse roja y a resoplar como un búfalo, cogió la jarra metálica donde teníamos el agua de la comida y hecha un basilisco ( ¿ os acordáis como se ponía cuando se cabreaba?) levantó a uno ( no recuerdo a quién) lo llevó contra una columna y empezó a darle jarrazos hasta que le abrió una brecha. Empezó a sangrar. ¡ Menudo escándalo se montó! Hubo consejo general de dirección, los profesores ( una vez más) nos apoyaron diciendo que las frases hacían que aprovecháramos menos las clases y el Director decidió anularlas. Por los mensajes de los más modernos he visto que volvieron a implantarse. Desde luego en mi promoción se eliminaron de forma radical. A algunos nos jodieron el negocio, e incluso los otros castigos se endurecieron ( empezaron las noches enteras sin dormir, bueno durmiendo de pie) pero las frases desaparecieron de nuestra existencia para siempre.

Cristóbal Fco. Fábrega Ruiz 1969-1975.



Relato 17
 

Quintana año 1965 tendria 8 años.

Me desperté de madrugada, tras sortear la vigilante bombilla roja, conseguí llegar a los lavabos sin ser descubierto; ya a salvo y con total tranquilidad, sentado en el baño solté mi pesada carga.
Regrese de igual modo, en plan comando al dormitorio y tras introducirme en mi aun caliente cama, rápidamente concilie de nuevo el sueño.
Gritos y carcajadas me despertaron, era la hora de levantarse, me incorpore en la cama, alrededor del catre de mi vecino de sueños, unos cuantos compañeros, los mas cercanos, se arremolinaban y una monja (no recuerdo el nombre) trataba de poner orden.
Una inmensa plasta reposaba sobre la colcha del aun adormilado compañero; comenzaba a esbozar una sonrisa, cuando al mirar con mayor detenimiento observe que de la plasta de mierda principal, marcas de manos y pies impregnados en dicha sustancia, se dirigían y manchaban también mi cama.
Me mire, mis manos y el interior de mis sabanas estaban de igual modo manchadas. ¡Dios! había sido yo el causante de tal desatino.
No me levanté tratando de pasar inadvertido (inocente de mi, con la cantidad de pistas que deje) pero la monja que no era muy cuca rápidamente dio con el culpable. Pensó que lo hice adrede (uno es torpe, pero no tanto como para dejar tantos vestigios en el lugar del crimen)
La realidad fue que me levante sonámbulo, me subí sobre la cama contigua (no se como no se despertó) le puse el huevo y regrese a mi cama; eso si, dejando un claro rastro delator.
Recuerdo que pase mucha vergüenza, pero no el castigo, no seria demasiado severo…….
Aunque con algo de retraso, por si no se lo pedí en su momento, pido perdón al compañero afectado.

P.D. También pido perdón a todos los afectados por el bulo de la Mano Negra. Unos cuantos camaradas de aquella época fuimos sus precursores, difundiéndola con historias, trampas nocturnas y marcas.
Quien iba a pensar que la historia diera tanto de si.

Domingo Orio Villalón

Relato 18
 


A la temprana edad de seis años, cometí mi primer error… iban a enviar a mis dos hermanos mayores a un colegio interno y militar. Mis padres tuvieron la genial idea de preguntarme si quería ir también a tal lugar, y yo, ignorante a la par que inocente, sin conocer la naturaleza humana todavía, pensé que podía ser una experiencia gratificante y enriquecedora, pero nada más lejos de la realidad. Contesté afirmativamente.

La vida transcurría en aquel lugar triste. Los días eran eternos y el único lugar donde creíamos sentirnos a salvo era en la cama, hasta que a los más mayores les daba la gana voltearnos el colchón, claro. Los estamentos estaban hechos, la revolución social era imposible de realizar, aunque a Carl Marx se le hubiese hecho la boca agua no hubiese conseguido nada. Los más pequeños, los chicos de seis a once años eran reprimidos por los chicos de doce a catorce… sin olvidarnos que entre ellos también se podían anular, es decir, uno de trece años podía escaldar sin problemas a uno de doce... luego iban las empleadas domésticas, a las que nosotros denominábamos ‘señoritas’, las cuales tenían autoridad, luego los monitores, más arriba las monjas y por encima de todo el mundo el omni-autoridad el ‘pater’, un sacerdote cristiano católico con graduación militar, eso le daba autoridad para dar ostias en ambas direcciones. Lo que más me llamaba la atención de aquel hombre era su perro, un san bernardo enorme, pachón, con grandes ojeras, feo como cualquier gorgojo, gordo y siempre cansado el bicho vago, te le encontrabas durmiendo en cualquier rincón del patio y nos vengábamos de su dueño molestando al chucho. Dicen que los perros se parecen a sus amos; y es cierto; no es porque yo posea la verdad infinita, es porque cuando veías a ambos seres andando a la par, sólo le faltaba al perro andar a dos patas para ver a dos hermanos gemelos caminando hacia ti. También estaba el director del centro, pero ni le conocíamos, su presencia era tan invisible como insignificante.

Por las noches me acostaba en un jergón, pensando en que a la mañana siguiente me despertaría mirando por la ventana de mi casa, viendo los viejos edificios del barrio burgalés de Gamonal y las montañas apuntando hacia el cielo gris, entre montículo y montículo un par de enormes depósitos de agua. Dentro de la curiosidad infantil me preguntaba si ambos reventasen a la vez ¿nos llegaría la inundación a nosotros? Me quedé sin saberlo y a día de hoy; aunque me sigo haciendo la misma pregunta; todavía desconozco la respuesta.

Por el día me ocultaba entre la extensa vegetación que abundaba por aquel lugar a orillas del Río Arlanzón, entre la frontera de Burgos y Palencia. Una frondosa dehesa llena de todo tipo de plantas y pequeños animales, desde grillos pasando por lagartos ocelados hasta llegar a los halcones y buitres. Profundas cuevas naturales excavadas en la tierra por las manos de adustos obreros a pico y pala, extrayendo la piedra bruta del yeso cuando el hombre todavía no conocía el tren, todo se hacía a lomos de burros. Teníamos leyendas para todas las zonas, había una particularmente la cual yo temía, en una pequeña parcela de tierra, adornada por varias encinas, un matorral un tanto extraño había crecido dentro del cerco de los árboles. Una planta fina y endeble, que luchaba por subir a ver algo de sol trepando por las encinas que absorbían hasta el último de los rayos para dar de comer a sus verdes bellotas. Alguien me dijo; tras ver una película de Tarzán, en la cual se quedaban él y su elefante atrapados por una planta enredadera carnívora, con la que guardaba cierta similitud; que ese matojo era el de la película, como se me ocurriese atravesarlo caminando me atraparía y luego me devoraría. Después de aquello iba todos los días a observar a la planta, inquieto, esperando ver atrapar algún bichejo despistado y tras maniatarle de pies y manos devorarlo, fue entonces en aquel instante, donde realmente me encontré a salvo de quienes eran mis verdaderos enemigos. Protegido por la Madre Naturaleza, a la sombra de hermosos árboles, me escondían de enfermos mentales y psicópatas infantiles, por fin encontré en la soledad mi verdadero compañero y amigo: yo. A lo largo de varios capítulos de mi vida he tenido amigos y amiguitos que me han succionado la sangre, sólo me han querido para que sus sentimientos de soledad no agoten su autoestima, y otros… entablar amistad con ciertas personas, es como hacer un pacto con el Diablo: estás condenado para el resto de tu vida.

Días y días observando aquella planta enredadera para que un chico que iba andando despistado por allí, después de saludarme, lo atravesase sin problemas. Esperaba otra cosa. Tras horas y horas de espera toda ilusión por ver devorar algo o alguien se había esfumado. No volví a pisar aquel lugar.

Pasados cuatro largos años salí de allí.
Eloy desde septiembre/1975 a julio/1979
eeloylopez@hotmail.com

Eduardo-Eloy Lopez Hernando

Relato 19
 

Que pocas cosas recuerdo, en principio, de aquellos años que pase en nuestra "querida" colonia.

Es una sensacion extraña esta de estrujarse la mente tratando de poner orden en situaciones y cronografiar los hechos que ya casi estan perdidos en el tiempo.

Creo que fue en el último año de los cuatro que estuve alli. Era el año en que Franco murió, y la sensación de miedo e incertidumbre se mascaba en el ambiente, sobre todo entre los adultos, lo que se traspasaba como una mecha encendida entre todos nosotros.

Yo no entendia demasiado aquello que estaba pasando, ya lo de "la marcha verde" se susurraba como un preludio de lo que podeia ser una inminente entrada en guerra... y entonces esto de la muerte "del caudillo" lo terminaba de liar todo.

Una cosa que recuerdo con toda claridad es nuestra entrada en la sala de cine para ver una televisión en la que ponían las interminables colas de personas que se formaban para ver el curpo de Franco en su ataud. Me llamo la atención un señor que se plantó frente a su cuerpo con el brazo en alto, saludando, y a quien tuvieron que acompañar para que dejase paso a otras personas. Pero en lo que mas me fijaba entonces es en tratar de reconocer por televisión a mis padres, que por entonces estaban en Madrid. Claro que no los vi.

De estos días se me quedó grabada la escena en la que todos en fila, desde la calle, entrabamos en el comedor atravesando el ámplio hall de entrada. Recuerdo que la puerta principal desde la calle estaba franqueada por dos estancias, la de la izquierda debia ser una especie de sala de comunicaciones, donde habia una radio y un teléfono (si no recuerdo mal), la de la derecha no recuerdo que había, luego al final del hall de entrada otra gran puerta daba acceso a un pasillo que llevaba a los lados a los dormitorios, pero de frente estaba la puerta de entrada al comedor. Pues bien, en esta puerta de acceso al pasillo sobre el marco, siempre había estado presidiendo una gran foto de Franco. Esta foto, por entoces fue sustituida por la del recien estrenado Rey de España.

Debia ser entonces cuando el Rey ordeno la retirada de las tropas del Sahara, y esta formación de entrada al comedor, según desfilaban los mayores bajo la recien estrenada foto de Don Juan Carlos, le soltaban un salivazo y un murmullo que escapaba en aquel tenso silencio de la fila. Fue entonces cuando oí por primera vez aquello de que iba a ser el reinado de D. Juan Carlos "el breve".

Yo no entendía nada.

Bueno la verdad es que sigo sin entender demasiadas cosas.

Un abrazo a todos, espero que lo de la quedada fuese un exito, siento no haberme enterado a tiempo.

Jose A. Blesa Robles
Estuve estre 3º y 6º de EGB con vosotros, entre los años 73 y 77

Relato 20 21/12/2007
 


Tras la caída de la hoja del chopo en los jardines que rodeaban ‘la Colonia’ en otoño; la estación del año que más le gustaba a mi profesora Mari Luz de primero de EGB; venían las copiosas lluvias que inundaban de un olor amargo el ambiente… la hoja caduca de los árboles caída era oxidada por el agua de lluvia. Nosotros en silencio veíamos como la lluvia lo inundaba todo: las aceras, los jardines, la fuente circular del centro, los badenes de la carretera que llegaba a la puerta principal, mientras corríamos por la galería hartos de ver películas horteras, a Mazinguer Z o escuchar al grupo Bony M en un programa musical llamado Aplauso, allí jugábamos, reíamos o llorábamos. Después la lluvia se calmaba, salíamos al patio a correr y mojarnos los pantalones de la rodilla para abajo, los más atrevidos bajábamos al campo de fútbol grande, o íbamos hacia la derecha dónde estaba “la arcilla” y allí nos metíamos a ensuciarnos hasta las trancas, el barro se nos acumulaba en los pies hasta parecer que llevábamos alzas en las suelas como Frankestein. Más de una vez las monjas no nos dejaban entrar a cenar con esas pintas.
Unos meses después llegaba la nieve… esa nieve, buen presagio para muchos de nosotros que pronto nos íbamos a ir con nuestras familias a pasar unos días… pero antes el frío, ese intenso gélido sentimiento que nos hacía tiritar por las noches y por el día: juegos y risas… muñecos de nieve y bolas… trineos y caídas… construíamos muñecos en cualquier parte del enorme patio que teníamos en frente, el frío agarrotaba nuestros dedos haciéndolos inservibles pero tras correr hacia el radiador más cercano en el interior del edificio, volvíamos recompuestos a terminar el muñeco: hacíamos girar una bola de nieve entre varios para hacer el tronco y otra para la cabeza, dos piedras los ojos, una bufanda y un abrigo, dos ramas de cualquier árbol simulando los brazos, para luego romperle a patadas y tirarle al suelo a puñetazos. ¿Y de los trineos? ¿qué puedo decir que no se haya dicho ya? o bien hechos de plástico o el asiento de madera de alguna silla rota, nos poníamos arriba en la pérgola y con los talones nos precipitábamos por el abismo a toda velocidad hacia el campo de fútbol… nos caíamos y revolcábamos por la nieve pero volvíamos cuesta arriba para intentarlo de nuevo.
Bajábamos a la piscina y el agua se había quedado congelada, una fina capa de hielo impedía que nos sumergiésemos en las negras aguas estancadas que tanto disfrutábamos en verano, más transparente, claro… y sobre ese hielo andábamos confiados, pisando con cuidado con cierto temor porque se oía crujir algo bajo nuestros pies, hasta que Alejandro; el ‘Jimeno’ pequeño coló toda su pierna por un agujero hecho por su propio peso, mojándose medio pantalón. Risas, como siempre cuando sufría alguien que no éramos nosotros.
Por fin la Navidad, las monjas y el cura se volvían más simpáticos, el espíritu navideño se apoderaba de todos nosotros, adornábamos de cadenetas de papel de colores las clases, era un gran logro el colgar una todo el largo de nuestra aula para luego cargarla a modo de costillas a lo ancho… intentábamos ser más espectaculares que los de otras clases, incluso si conseguíamos mejor efecto que los “mayores” era todo un logro. La cadeneta era una tira de papel de color la cual ambos extremos iban unidos con pegamento transparente y muy poco resistente, entrelazada otra igual y otra y otra hasta conseguir la longitud deseada. Adornábamos el aula durante el sábado y el domingo para no interrumpir la clase… aunque algún profesor enrollado siempre nos ayudaba entre semana. Los de sexto, séptimo y octavo de EGB hacían belenes… con abundante musgo recogido de la calle enverdecían tres o cuatro mesas juntas, con escoria; el carbón quemado que había en el árbol de los cuatro brazos; montañas y la cueva dónde Jesús nació, con papel de aluminio los ríos y los charcas, figuras y más figuras que no sabíamos de dónde habían salido… pero nosotros, mozalbetes, contemplábamos y admirábamos la obra de los mayores, que cuando nos veían aparecer por sus aulas nos echaban a gritos y patadas de allí, porque nuestro sentimiento vandálico era superado por nuestra envidia.
Mi padre venía y nos llevaba a mis hermanos, a mí y a los dos hermanos Lomas; Víctor y Santiago; a Burgos. Esperábamos ansiosos los Reyes… pero mal momento para recibir regalos, a los dos días debíamos de volver a ‘la Colonia’.

Eduardo E. López eeloylopez@hotmail.com
Alumno desde septiembre/1975 a julio/1979

Relato 21
 

Recuerdo que cuando llegue en tren, septiembre de 1975, puede ser que a Baltanás?, iba con los cordones de los zapatos desabrochados, yo no sabía abrochármelos y me iba tropezando, creo que nos subieron a una Saba a unos cuantos yo claro entré trastabillándome y nos condujeron a la Colonia. Salieron a recibirnos unas monjas en la entrada principal, recuerdo una tal Sor Carmen que creo que era un poco coja, Sor Justa y creo también estaba Don Jesús. Estaba anocheciendo y había unos cuantos niños que los intuía al fondo del hall en lo que parecía un comedor, por lo cual estarían ya cenando. Al verme con los zapatos desabrochados me dijeron, mira pá'abajo (si, la Pergola) que al lado de los columpios hay una piedra que sobresale. Te sientas ahí y hasta que no te ates bien los cordones, no te bajes, y rapidito que te quedas sin cenar...

Allí fui, desgraciado de mí. Conforme iba anocheciendo, notaba como entraba ese frío otoñal estepario en mi entonces cuerpo menudo, oía ruidos extraños de vete tú a saber qué bestias salvajes y monstruos de cuentos infantiles serían, pero sobretodo oía a mi padre, que cuando me despidió en la estación de trenes en Valencia, me dijo, sé que tú eres valiente y me enojaría mucho contigo si me dicen que resulta que te has convertido en un lloroncete.

Qué prueba más cruel para un niño de cinco años, si lo miras con los ojos de hoy. En enero de 2007, solo de ver a mi hijo que tiene ahora cinco años, los mismos que tenía yo entonces, y pensar que alguien fuera capaz de hacerle "eso"... es que se me descompone el alma.

Eso sí, llevo tres meses para que se haga el lazo de los zapatos y no hay manera, yo creo que lo conseguí en unos 20 minutos tras dos intentonas fallidas en lo que venía a ser más bien un gurruño que un lazo en toda regla.

MORALEJA: POR QUE NO HABIA VELCROS EN 1975!!!




Un abrazo,
Joaquin Ramon Lestau
Chimo El Picota


Relato 22
 


Gloria a ti Colonia Infantil ......, me imagino que os sonara a muchos la cancioncita de los cojones, con lo agusto que estaba uno escuchando a los Rolling Stones y fenómenos de la época. Este himno oficial de “La Colonia Infantil General Varela” no se hasta cuándo seguiría, lo digo en especial por generaciones más joven que la nuestra. La canción por supuesto tenía su versión B (Gloria a ti, Colonia calcetín .....)

A mí me toco lidiar por aquel idílico lugar, creo recordar que entre el año 1968 y el 1976. Yo pertenezco a la saga de Los Pollos (Esteo Poyato), soy el segundo Juan María. A continuación os comento detalles de aquellas viviencias, que las divido en dos partes

De no muy buen recuerdo

Esas agradables monjitas. Mencionar detallitos lindos
Las numerosas veces que nos hacian hacer tropecientas frases, que cuándo no las terminabas las reacciones eran de alucinar, repetirlas de nuevo, una somanta de hostias, el café con leche (achicoria mejor dicho) caliente por la cabeza, etc
La misa y rosario diario. Al que había que añadir cuándo te tocaba repetir rosario por castigo, más el vía crucis, más los ejercicios espirituales, más su p.....
Lo falsa y marranas que se ponian cuándo venian los padres de visita, la pobre Teresa de Calcuta a su lado parecia una bruja. En fin representaban su papel de monjitas adorables de maravilla
La de veces que por cualquier “pingada” nos hacían formar en el patio (lloviera, hiciera bajo cero, etc) y nos tenían brazos en cruz hasta que las salía del “higo”. Ni decirte que si desfallecías, encima te ostiaban
Cuándo devolvías la asquerosa comida que preparaban, te la hacían comer
Cuándo un pobrecillo compañero de 6 añitos se meaba, le ponían la sabana de corbata
Hace ya más de 30 años de esto, pero os detallo un pequeño inventario de aquellas criaturas
Sor Juliana, Sor Oliva, Sor Pilar ... las más brujas
Sor Mercedes, Sor Vicenta, Sor Josefa, Sor Gloria, Sor Nieves ... según el día Dr. Jekyll o Mr. Hyde
Sor Petra, guardo buen recuerdo de ella, pasaba desapercibida, pero se le veía detalles de tener buen corazón
Del resto no me acuerdo
Los celadores de aquel periodo. Ahora mismo me vienen al recuerdo a Don Vicente y Don Godofredo
A la hora de sacudir y por cualquier chorrada, en especial Don Vicente, recuerdo que eran un tanto abusones. En una ocasión me toco darme con él y si no es por Don Francisco (profesor de matemáticas) que andaba por el lugar de los hechos, me hace polvo, no le gusto que le llegara alguna a la jeta. La peleita vino por un acto cobarde que realizo el susodicho y que prefiero no comentar
Cuándo venían los padres de visita, eran más peloteros y babosos aún que las monjitas
Algunos soldados que hacían el servicio militar. Ayudaban en tareas de celadores a los nombrados en capítulo anterior y algunos como un tal Chema (el moreno, no el rubio) era para echarle de comer aparte
Algún pequeño detalle de algún profesor
Recuerdo en especial a Don Carlos (profesor de Geografia e Historia creo recordar) y a Don Jesús (Lengua) que en el fondo eran buena gente, pero cuándo se le cruzaban los cables, en especial Don Carlos soltaba unas pedazo hostías de alucinar

De buen recuerdo

Ni que decirlo tiene, que es imborrable la de grandes amigos que tuve la suerte de hacerme allí (y posteriormente en Santoña). En un pequeño recordatorio nombro a Angel Ríos, Aperador, J.C. Pérez Sánchez, Florentino Alvarez Albors, Jorge Barros de la Peña, Fernando Peña, Alfonso Perfecto, Carlos Vara del Rey, F.J. Sánchez Romero, José Luis Manzanera, J.C. Panea, Jesús Espuelas, Jesús Trascasa, Barroso, Domingo Marquez del Caño, Juan Barja, etc. Estos de mi curso, de otros cursos no pararía también de nombrar.
Buenos profesores, soldados y algún celador (me suena un tal Don Aguilar)
Como alguien nombra en algún relato, las marmotas que servian la comida y ayudaban a las monjitas. En especial las más guapas que son las que más nos inspiraron (Dona, Conchi, etc). En algún relato alguién comenta que en el segundo dormitorio, había un anexo , “El Torreon”, dónde efectivamente moraba siempre una de estas chiquillas (a veces más, las había golfillas) y a hurtadillas nos subiamos al muro que delimitaba su alcoba, para poder inspirarnos y rendirles a posteriori un buen homenaje .... Le añado a mi compañero Cristobal Fabregas (creo que suyo es el relato que comento) que yo también me toco estar en el Torreón y en más de una ocasión alguno de los que morabamos por allí recibimos ataques sorpresas de las muchahitas. Si era guapa, aunque con un tanto de timidez, era bien recibida para lo que demandase, pero de otras había que salir corriendo o darlas un cogotazo para espantarla (recuerdo en esa linea a una tal Julia, podía jugar perfectamente al Rugby con la selección de Gales)
Como todos mencionaís, a parte de la amistad , mucho deporte (en especial partidos de futbol) y la sala de juegos que había (por llamarla de alguna manera, por su limitación de los mismos) al lado de las canchas de patines, voleibol, baloncesto y balonmano, pocas alegrias nos permitia el ambiente. Había que estar siempre listo y atento para evitar los malos rollos que comentaba en el capítulo de detalles de mal recuerdo.
Como anécdota comentaros que un grupito en el que estabamos Yo, Ríos, Perfecto, Aperador y Moises (el era de uno o dos curso más joven), pegamos un palo a las bodegas que habían en los alrededores y desplazamos todo un arsenal de botellas de vino y cava hasta las famosas cuevas. Tuvimos reservas durante bastante meses y muchas noches nos reuniamos en los lavabos para pegarnos buenos homenajes, que poco a poco ibamos retirando de las cuevas al sitio de consumo. Acompañabamos la bebida, con cajas de galletitas (de las mejores que había, las de nata y las rellenas, la de los domingos creo recordar) que por la noche en valientes incursiones nos llevabamos de la cocina jugándonos el fisico y la expulsión, así como de cajetillas de tabaco que le chuleabamos al mismisimo Director. Por suerte los dueños de las bodegas detectaron la falta de stock, cuándo ya estaba el arsenal practicamente liquidado. Recuerdo que llamaron a los padres de todos nosotros para que se presentaran en las Colonias y en ese caso, al igual que hacían las monjas y los celadores, delante de nuestros padres nos pegamos el paripe (llorada forzada de arrepentimiento o del colocon) y tan pronto se fueron, fuimos a liquidarnos los restos del stock. No es que sea una bueba acción, pero en las circustancias de vida que había, nos hizo pasar unas noches de puta madre !!
Seguir en contacto con antiguos compañeros y tener reuniones periódicas
Disfrutar de una gran página web, como lugar de contacto de antigüos alumnos
Veo que basicamente las páginas son en HTML e imagino que será un tanto complicado de mantener el sitio. Por si os sirve de ayuda yo tengo un gestor de contenidos dinámico propio, que uso en tiempos libres. Os lo pongo a vuestra disposición si os es de ayuda. No tiene un gran diseño, pero para actualización de contenidos viene muy bien y el diseño con buenas imágenes que se aporten puede mejorar. Ofrezco el gestor de contenidos también para una página del internado de Santoña. Si quereís ver ejemplos del sitio visitar http://www.sitesteo.com . Yo vivo en Madrid y soy socio de la Dehesa, si los que colaboraís en este asunto estáis interesados y teneís residencia en Madrid, podiamos vernos si os parece

Un abrazo a todos los que habeís padecido y disfrutado de Las Colonias
Juan María Esteo Poyato


Relato 23  
 

Leyendo los relatos y comentarios
, ha vuelto a mi algún fantasma de mi infancia, pero es ahora más que nunca, cuando comprendo el por qué de mi carencia de episodios desagradables. Según avanzo en la lectura de vuestros recuerdos, aparecen en mi memoria flashes que se niegan a ser más que un micro-recuerdo, veloz e indoloro, pero por lo visto mal borrado. Deben ser las penurias que pasamos, me niego a reproducirlas. Por algún oculto motivo, creo que de autoprotección, borre todo lo negativo. No recordaba ningún nombre hasta hoy, ni de las monjas ni de los celadores. Es como si nunca hubiesen existido o formado parte de mi pasado, lo cual me indica que no debió de ser muy agradable. Aun así, como más adelante veréis, solo recuerdo todas las fechorías y pequeños atentados “terroristas” que cometí. Pido perdón 36 años más tarde por todos los que pagaron por mi. Pero qué diablos, fue excitante!!!!

Si no recuerdo mal, curse 3º y 4º de EGB, años 1974-76. Mi hermano Carlos, me acompaño. Salíamos del caluroso El Aaiún, a la gélida Palencia, tras una breve parada en Madrid. El frio era lo peor. A duras penas podía atarme los cordones, y el primer invierno lo pase lleno de sabañones en los dedos.

Tras la llorera de la despedida en la estación de tren de Madrid, (creo Atocha), y asumiendo que el tren no pararía, empecé a concentrarme en mis canicas, tracas de petardos rojos, y soldaditos de plástico. Al fin y al cavo, los había que lo estaban pasando peor que yo (pensé) a juzgar por el volumen de sus lloros. No me entere del viaje. No recuerdo cuanto duro, ni siquiera me acuerdo de cómo llegamos a la colonia, pero me quede maravillado de ver tantos niños juntos a las puertas. Hasta ese día, nunca había visto más de 20 niños como yo juntos. En mi calle de Colominas, El Aaiún, Sáhara solo tenía dos amigos inseparables, no éramos mas.

La cosa prometía, me anime. Me imagino que debí seguir los rituales de asentamiento del novato: a formar en fila, esta es tu cama, tu mesita, tu taquilla, etc. Allí descubrí que era un numero, el 43. Junto a mi, los que serian mis amigos. Blesa y Mesa. También recuerdo apellido como Poyatos, xxxxxx, pero como hijo de militar, casi no distingo los que conoci yo, los que nombraba mi padre por ser sus compañeros de armas y los que coincidimos en el Patronato de Ronda. Por cierto, en este también la lie parda, (lo mío eran las COE).

Al principio intente no alejarme de mi hermano, pero él se integro mejor que yo. Con el paso de los días, me gustaba jugar solo, más que acompañado, sobre todo el primer año. Me alejaba de todos. Mi territorio era el perímetro de la colonia. Así aprendí, que cuanto más alejado estaba de los demás, menos problemas tenia. Tengo vagos recuerdos de peleas, castigos y tortazos, pero de forma inconexa.

Pero, la soledad, el aburrimiento y la imaginación, juegan malas pasadas, y fue en ese momento donde decidí convertirme en una especie de infiltrado entre los alumnos con el fin de cometer todo tipo de fechorías. Estas, las recuerdo todas.

Recuerdo:

1- No haber estudiado nunca excepto en las clases de catecismo y los odiosos dictados. Respecto de estos, solo me dejaron dictar una vez. Recuerdo que el profesor se ausento y me invente el dictado enterito, la galleta que me soltó el profesor todavía retumba en mi oído.

2- La frías noches, llenas de todo tipo de miedos y monstruos, en especial los espectros de las monjas enterradas bajo el gimnasio. Me cago el que se invento esa leyenda.

3- La peor novatada, en el gimnasio nos hacían un sándwich con las colchonetas y docenas de niños, se tiraban encima, creí morir de asfixia. No volví a ir.

4- Los paquetes de galletas que mandaban nuestros padres, y que abríamos en el desayuno.

5- Escupir en los postres para que no te los quitasen.

6- La sirena de la merienda. Por mucho que corriese casi nunca llegaba a tiempo, y si te ponías pesado mientras la retiraban, te quedabas con las ganas y un capón de recompensa.

7- Los interminables rosarios. Durante estos, fantaseaba preparando mis golpes.

8- Tumbarme encima de los radiadores del pasillo donde estaba la tienda de golosinas para no morir congelado y secarme.

9- Hambre. Pero lo medio llevaba comiendo cebolletas, batatas y vinagretas que abundaban en los alrededores.

10- Jugar. Las cabañas debajo de la cuesta, donde éramos encerrados por los veteranos. Las interminables partidas de canicas.

11- Los 5 “belloteros” a mitad de la cuesta. No solo estaban buenas la bellotas, sino que jugábamos a salta que te pillo de árbol en árbol. Recuerdo unos tortazos a cámara lenta mientras caías espeluznantes.

12- Hablar en los partidos de futbol para que te castigasen. Recordáis, te ponían de rrodillas debajo de la tele, así los veías mejor, pero con las rodillas destrozadas y cuello torcido.

13- Las 5 pesetas semanales que te obligaban a gastar en golosinas por narices, eso cuando no te daban las golosinas obligatoriamente.

14- Recuerdo ser feliz en mi aislamiento pero con momentos de soledad absoluta y terrible aburrimiento.

15- La primera comunión y la ansiedad de ver a tus padres.

Una de las cosas más divertidas eran las canicas y los boloncios. Cuando ya no te quedaban las fabricábamos de arcilla. Yo me percate que había una vallas secas esféricas que daban buen resultado, eran los frutos ya secos, de unos árboles que había tras del edificio. Subiendo por el camino de escoria hasta el final, había una pendiente con unos árboles, para mi inmensos. Ese era el paraje mas infernal que había visto en mi vida. Solo pensarlo me recuerda el miedo y la angustia que sentía en aquel entonces. Pero si las quería, tenía que ir, y además solo, como siempre. Ni en las películas se pasa tanto miedo, era un valiente pensaba. Durante tiempo mis pesadillas estaban asociadas a ese lugar.

Y así pasaban los días, unos mejores que otros, me mantuve al margen de todo conflicto en grupo, hasta que comencé a realizar los míos propios. No sé si por emular a otros, o por puro aburrimiento. El caso es que recuerdo el gran golpe a la tienda de las golosinas de Sor Nieves, el asalto al almacén de materiales, el pobre desgraciado al que le quite su álbum completo de cromos de futbol dándole el cambiazo por el mío, la bolsa de canicas de mi compañero de la derecha, y alguna que otra más. Pero las contare en mi próxima carta.

Más de uno, sabrá por fin que y como paso. Pido perdón, pero para mi mente infantil, era necesario realizarlos. Debía de ser mi forma de expresar y hacer mi propia revolución.

Como veis, no recuerdo castigos, ni tengo resentimiento, yo me pude vengar antes de no volver, creando todo el caos posible para un niño de diez años.

Enrique López-Pozas

enriquelp@hotmail.com

PD: Volví de forma voluntaria el segundo año.

 

 

Relato 24  
 
Hola soy Miguel Peréz-Lucas:

No sé como pero he dado con vuestra pagina de la colonia infantil, sin proponérmelo de repente, he echado una ojeada y han empezado a surgir recuerdos y vivencias, algunas son tan fuertes que he tomado lápiz y papel dispuesto a plasmar las que pueda, no tengo buena memoria ni escribo habitualmente, pero son tantas las ganas, que no me aguanto a contaros algunas.
Lo primero que recuerdo es verme con una piruleta en la boca y bajando de un tren de los de entonces, para coger una furgoneta militar que me llevaría a la Colonia Infantil, era Octubre de 1960, tenía 8 años.
El trato por parte de las monjitas y el personal militar (que por entonces lo componían solo monjitas y militares) fue cariñoso y entrañable, desde el primer momento y durante el tiempo que estuve, las monjas, tutores y profesores me dieron además su apoyo, y sus enseñanzas, e hicieron que aquellos años duros se convirtieran en algo llevadero y positivo. Amistad y compañerismo eran las cualidades del día a día entre nosotros. Alguien ha escrito que las vivencias que pasamos allí, las llevamos en el alma de una manera imborrable, algunas son buenas otras no tanto, pero todas han valido posteriormente su peso en oro.
No hace mucho he vuelto a pasar por allí, y viendo lo que queda recordaba aquellas instalaciones sobrias, frías , pero aceptables, la sala de cine, el gimnasio, los dormitorios, en los que tan buenos momentos he pasado con las interminables peleas de almohadas y malos por los dolores de oídos, de muelas o aquellos largos pasillos que recorríamos en plena noche ateridos de frio y con un miedo infernal para ir en el último momento a los váteres por las diarreas eternas gracias al agua del lugar. La convivencia era buena y sana, formábamos bandas, pequeños grupos donde nos organizábamos y poníamos a prueba nuestra camaradería buscando los más pequeños protección contra los más grandes. Luego estaba el campo que rodeaba la colonia, ese era nuestro espacio libre donde hacíamos cabañas, fabricábamos arcos para las batallas de flechas o de piedras, los líos que no se habrán armado cuando venia algún compañero con una flecha clavada o escalabrado de una pedrada. También estaban las excursiones por los alrededores, que eran autenticas aventuras, donde cogíamos grillos para hacer peleas entre ellos, cada uno teníamos los suyos en cajas de cerillas que cuidábamos como auténticos tesoros, en fin todos esos momentos buenos que pasamos, dieron a aquel tiempo un encanto especial que nos ayudó a olvidar los otros, los mas penosos. Porque fueron años duros, de frío, soledad.
Además la mayoría de nosotros no comprendíamos porque estábamos allí, pensábamos que aquello era una tremenda injusticia, que nos obligaba a estar lejos de nuestros familiares, amigos y de las personas y cosas que conocíamos y queriamos, en fin entonces las cosas se hacían así.
He estado mirando mis fotos por que recordaba tener algunas de la colonia, al final y después de mucho buscar solo he encontrado estas dos que os envió, creo que ambas son interesantes, no recuerdo nombres pero algunos se verán en una de ellas y les hará ilusión
No sé si estas líneas tendrán algún sentido para alguien, ni siquiera si las pondréis en la pagina, no importa a mi me han valido para recordar un tiempo pasado un tiempo de penuria pero también de amistad y compañerismo.
Para terminar comentaros que lo que menos podía esperar es que hubiera un grupo Ex de la "Colonia Infantil General Varela", con su web correspondiente, querría si es posible que me mantuvierais informado si hacéis algún tipo de evento, reunión etc., contar conmigo
Un abrazo muy fuerte para todos.
Miguel Pérez-Lucas Barreiro-Meiro
Tel mov: 607510524
E-mail:m.perezlucas@telefonica.net



Si quieres participar contando tus experiencias, envíanoslo por correo, lo publicaremos.